Las raíces triunfadoras de María Camila Osorio

Escrito el 13/08/2020
Comité Olímpico Colombiano


Cuando María Camila, la mejor tenista colombiana del momento, aún con sólo 18 años, da un paso hacia adelante en su carrera como tenista se activan todas las fibras de una familia que conoció el deporte y la fama, gracias a su abuelo Rolando Serrano, un mítico del fútbol colombiano, integrante de aquella recordada selección nacional que hizo su estreno en un Mundial de Fútbol, en Arica, Chile, en 1962. En ese comienzo de una historia hoy gloriosa para nuestro fútbol, el combinado patrio alcanzó el primer gran resultado de nuestra historia, al empatar con la Unión Soviética, 4-4, en un memorable partido, en el cual estuvo presente Serrano, al lado de Marino Klinger, Maravilla Gamboa, Efraín El CaimánSánchez y Marcos Coll, entre otros.

Desde siempre, Serrano ha sido el motivo para que su descendencia haya seguido los pasos del deporte. Su hija Adriana fue una importante basquetbolista, en una región potencia de este deporte, como ha sido Cúcuta. Adriana se casó con Juan Carlos Osorio, quien, como futbolista, logró llegar a clubes como Cúcuta y Quindío, aunque nunca hizo su estreno en la liga nacional. De esta unión nacieron Juan Sebastián, quien ya alcanzó el profesionalismo, en clubes como Fortaleza y Alianza Petrolera, y María Camila, la joya de la corona, quien ha llenado de orgullo a los Osorio Serrano, quien se dedicó al tenis y muy rápido pasó de ser la esperanza grande de este deporte en Colombia, a convertirse en la primera raqueta nacional, con sólo 18 años de edad. 

Cada vez que suena un raquetazo de María Camila, en algún escenario del mundo, su abuelo salta de felicidad, como lo hizo en aquella recordada jornada de 1962, en el estado de Arica, Chile, y como lo repitió tantas veces como jugador del Cúcuta deportivo, y del América de Cali, antes de llegar a la selección nacional, bajo el mando de otro mítico del fútbol mundial, el argentino Adolfo Pedernera, conductor de ese equipo que impactó en tierras chilenas, certamen en el cual, Rolando jugó dos de los tres partidos de Colombia, ante la Unión Soviética (4-4) y ante Yugoslavia (1-5). Su nombre quedó registrado en los anales del fútbol colombiano, como uno de los pioneros de esos éxitos que llegarían años después, con la camiseta 10 de todos los equipos en los que jugó.

Hoy, su nieta María Camila es el mayor orgullo de su vida: ““Cuando (mi abuelo) va a la casa, aparte de llorar y emocionarse al verme, me habla mucho: me dice que soy una berraca y que puedo llegar muy lejos”, recuerda. (El Espectador, 8 de septiembre de 2019).



Edgar Muñoz, descubridor y conductor

Aunque María Camila no la vio jugar, desde niña sintió el estímulo de la historia de Fabiola Zuluaga, la gran raqueta nacional de los años 90, también oriunda de Cúcuta.

Édgar Muñoz fue el entrenador de Fabiola y el descubridor e impulsor de María Camila. Así recuerda su llegada a su academia: “María Camila llega a nuestra escuela guiada por un aviso publicitario que dejé en una de las avenidas de Cúcuta y con el ánimo de emular a Fabiola Zuluaga. Fue ganando torneos en cancha reducida y luego en grandes torneos. Tenía mucho carisma, energía,  mucha ‘berraquera’ para jugar al tenis. Tenía fortaleza mental y se enfocó en que era la número uno […] Era una niña especial. Ella y Fabiola son jugadoras con buena motricidad, enfocadas con lo que quieren hacer en la vida y con fortaleza mental” (El Heraldo, de Barranquilla, 15 de septiembre de 2019).

El 22 de diciembre de 2019, María Camila cumplió los 18 años y terminó su etapa juvenil. Días antes había recibido el Altius de Oro, otorgado por el Comité Olímpico Colombiano, como la mejor promesa de nuestro deporte, gracias al título conquistado en el US Open Júnior, en Nueva York, el último Grand Slam de la categoría, que se sumó a otros títulos que le permitieron sumar puntos para estar entre las 200 mejores tenistas del mundo y alcanzar la cúspide como la raqueta número uno de Colombia, en categoría mayores, según el escalafón del WTA Tour.

“El año pasado fue una locura. Al principio del año me fue bien y la segunda parte fue mejor. Logré ganar muchos partidos en Fed Cup y alcancé los cuartos de final del WTA de Bogotá y el US Open de Nueva York. Pero esto apenas comienza en mi carrera deportiva. Es un camino muy largo”.

En cuanto al título del Grand Slam esto opina la cucuteña:“Es increíble, fue algo asombroso, para lo que he trabajado mucho. Por eso le doy más valor y significa mucho para mí. Era uno de mis sueños, una de mis metas a cumplir y cuando lo logré gané mucha confianza y entendí que puedo alcanzar grandes cosas más. Ya estoy muy cerca de entrar a la otra fase de los torneos WTA y los Grand Slam, pero la transición no es llegar a un ranquin. La idea es estar entre las mejores del mundo, meta que cuesta bastante, y la transición va a tardar mucho, es larga, pero esperemos llegar lo más pronto posible”.

En relación con la temporada 2020 María Camila cree que cuando termine la pesadilla de la pandemia seguirá su ruta habitual:“Ya estando entre las 200 del ranking de la ATP tengo mucho chance de entrar a torneos WTA y Grand Slam. Entonces la idea es empezar a superar la barrera de los cuadros clasificatorios, para llegar a los principales”.

Sobre su máxima meta, los Juegos Olímpicos, dice:“Es un sueño y un anhelo que tengo. Sé que no está muy lejos, pero tampoco está tan cerca, pero igual es un sueño y quiero poder estar en Tokio, pero si no se da, espero llegar a París-2024. Es un sueño de niña, al igual que para toda mi familia”.

Esa es a grandes rasgos la gran estrella del tenis colombiano del momento, una atleta que recibió desde la cuna la influencia, el ejemplo y la herencia de un triunfador, su abuelo Rolando Serrano, quien es la persona que más disfruta cuando su nieta tumba un obstáculo, en su carrera por ser una de las mejores tenistas del mundo.

Por Alberto Galvis Ramírez
Director Revista Olímpica
Secretario Academia Olímpica Colombiana